Del calculado vehículo eléctrico al pasional vehículo autónomo

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Del calculado vehículo eléctrico al pasional vehículo autónomo

Noruega tiene ya 108.000 vehículos enchufables corriendo por sus carreteras. El Centro de Investigación de Transporte de Noruega ha publicado el TØI report 1492/2016 en el que profundiza mediante encuestas en las percepciones de los usuarios de vehículos eléctricos (en inglés Battery Electric Vehicle, BEV) y de vehículos híbridos enchufables (en inglés Plug in Hybrid Electric Vehicle, PHEV). El estudio se basa en la opinión de 1.520 dueños de vehículos: 809 de BEV, 249 de PHEV y 462 que aún no han comprado este tipo de vehículos.

A pesar de que el boca a boca fue el factor decisivo de la decisión de compra de los dueños de BEV según datos de la encuesta, los dueños de vehículos BEV y PHEV apelan a factores económicos para argumentar su opción. En cambio, los dueños de vehículos tradicionales (en inglés Internal Combustion Engine Vehicle, ICEV) apelan directamente a argumentos subjetivos relacionados con sus sensaciones: la fiabilidad, el confort, la seguridad…

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Noruega es un caso muy particular en el grado de penetración de los vehículos enchufables. El gobierno ha fomentado el cambio con el objetivo de crear un país más sostenible, pero los argumentos de los noruegos no son tan lejanos a los que se oyen en el resto de Europa. El mercado del automóvil ha apelado desde mediados del siglo pasado a los sentimientos: algunas marcas nos ofrecen sentirnos poderosos, otras ofrecen productos fiables, otras que disfrutemos en el viaje, otras que resultemos llamativos… y resulta difícil que el usuario cambie su pauta para decidir una nueva compra.

La elección entre coches enchufables y coches de combustión no es una elección pasional y esa es justamente la razón por la que la mayoría de los promotores del coche eléctrico apelan a un apoyo institucional. Las instituciones no tienen mucha capacidad de apelar a los sentimientos de los usuarios, al menos no para bien, pero tienen capacidad de apelar al bolsillo mediante subvenciones y ayudas indirectas y tienen capacidad de prohibir la circulación de vehículos contaminantes, como el caso de ciertas ciudades y países que ya lo están planteando para la próxima década.

No obstante, además del apoyo institucional existe una segunda vía que puede facilitar el asentamiento del vehículo eléctrico en el mercado del automóvil. Esa segunda vía es la irrupción de algún fabricante que, apelando a los sentimientos, ofrezca una solución enchufable que produzca el efecto de que el usuario se sienta especial.

La revista Which ha publicado en Diciembre su estudio anual de los índices de satisfacción de los dueños de vehículos en Reino Unido.  El resultado de satisfacción de los dueños del Tesla Model S (vehículo totalmente eléctrico) resulta abrumador. Un 99% de satisfacción en un vehículo que cuesta 78.556 libras (aproximadamente 93.750 €), frente al Porsche Boxster (en segunda posición) ya con un 92% de satisfacción y el económico Dacia Sandero (el tercero) con un 90% de satisfacción en sus usuarios. Si este grado de satisfacción se confirma en los próximos meses nos encontramos ante un fenómeno fan que hemos visto con anterioridad en otros sectores (como en telefonía móvil con Apple) pero nunca visto en el sector de automoción. Su aparición ha removido un sector que creía tener repartido el pastel y que no buscaba cambios disruptivos.

Tesla tiene dos argumentos a favor para poder mantener el grado de satisfacción de sus usuarios a largo plazo. El primer argumento es el hecho de que aún no ha incumplido las expectativas, tal y como muestra la encuesta anteriormente mencionada. El segundo argumento, que está trabajando para no incumplirlas, logrando que sus vehículos sean continuamente actualizables. Todos los vehículos Tesla están conectados y transmiten la información necesaria para poder detectar los problemas que hayan surgido en cualquier vehículo en cualquier parte del mundo. Pero además el software del vehículo puede actualizarse de manera remota y casi instantánea para subsanar incidencias detectadas en cualquier vehículo similar. Las actualizaciones se pueden deber a motivos de seguridad, pero también se pueden deber a simples mejoras en la conectividad o en los servicios asociados al vehículo.

La falta de actualización es uno de los grandes fallos del sector de automoción actual. Todos hemos sufrido cómo comprábamos un vehículo nuevo que en pocos meses quedaba obsoleto por no disponer de actualizaciones a menos que hiciéramos un costoso paso por el taller. Esta obsolescencia ha ocurrido con los airbags, con los sistemas de navegación, con el Bluetooth, con los conectores USB para cargar los móviles, con las aplicaciones de control del tráfico… Las partes hardware siempre son más difíciles de modificar pero las partes software, que resultaban sencillas de actualizar, tampoco recibían ninguna atención por parte de los fabricantes. El hecho de que Tesla incluya de serie a partir de 2017 todo el hardware de vehículo autónomo en sus coches no es una mera muestra de poderío. Se trata de la solución que asegura el mantenimiento de altísimos grados de satisfacción en los dueños de sus vehículos durante muchos años. El usuario podrá usar o no usar el modo autopilotado pero, si quiere empezar a utilizarlo, no tendrá que pasar por ningún taller. Sólo tendrá que recibir una actualización de software (de la que apenas se enterará) y pulsar un botón. Si el fenómeno fan se sigue reafirmando en los próximos meses, esos usuarios serán propensos a utilizar el modo autopilotado y proporcionarán sin ningún esfuerzo mucha más información a la propia compañía que la que el resto de fabricantes puedan lograr mediante las encuestas de satisfacción o los típicos programas de fidelización. Tecnológicamente, un sistema como el de Tesla que partía con menores capacidades en el modo de conducción automatizada pasará a ser en pocos meses el sistema de conducción más testeado del mundo.

Como cualquier marca de vehículos BEV las dificultades de penetración para Tesla en países como España son evidentes. Faltan infraestructuras, no hay grandes ayudas para su compra y la legislación energética es tan fluctuante que nadie se atreve a dar el paso desde un planteamiento de análisis de coste y beneficio. Pero, ¿qué pasará cuando llegue el Tesla model 3 con todas sus capacidades de autopilotaje y un precio aproximado de 30.000 €? Las cuentas saldrán como vehículo eléctrico y la propuesta es apasionante como vehículo autónomo.

 

Ibon Arechalde